
Mientras me fumaba el único cigarrillo de la semana, vanamente intentaba predecir mi futuro inmediato estudiando la forma de las volutas que salían de entre mis labios. Comencé a ver el mundo en blanco y gris, atormentado por los olores que continuamente golpeban mi cerebro mientras estaba en cualquier calle del centro más bohemio de la ciudad. Justo esa tarde fría y seca, de las peores, me costaba respirar únicamente por la nariz y al paso apurado que siempre cargo se me arrimaron, sin permiso, dos sujetos de traje negro con corte europeo, pantalones algo cortos para mi gusto y zapatos elegantes y alargados que calzan los hombres delgados. De mis otros sentidos sólo pude distinguir que dejé atrás una armonía inusual de un acordeón versionando el Cantaloupe y una boca y labios secos de tanto desear y esperar.
Yo callaba mientras aquellos dos largos jugueteaban con sus manos y sus dedos largos con alguna cosa brillante que se pasaban entre ellos, algo como un anillo, pero al acelerar el paso y tratar de perderlos sólo veía con más frecuencia la bota de sus pantalones mostrando las medias blancas. Sólo un hombre muy coqueto -pensé, burlándome de mí mismo- estaría pendiente de los talleres de este par de estrafalarios. Los dos se repetían entre ellos y a lo largo de cualquier historia que se me venía a la mente me daba cuenta que siempre son dos los personajes más interesantes. Como si el uno se repitiese a sí mismo pero burlado, irónico, mal copiado.
Me disponía a tirar al piso con una llave al izquierdo cuando el derecho adivinó mi intención y mientras caminábamos llegando a la esquina alargó (como un brazo mío) su dedo pulgar, se lo llevó a los labios y extendió el índice (como una pierna mía) en dirección izquierda. Sólo le miré de reojo y los tres juntos, muy juntos, doblamos la esquina, en sincronía absurda. Me dí cuenta que ya estaba sudando y una hermosa india nos estaba observando cerca de un bello Cadillac 75 marrón dorado. Sentí un dolor agudo en la boca del estómago y perdí la conciencia.
Al despertar boca abajo, desnudo titiraba del frío metido entre los pulmones y los Doors al fondo me desgarraban el pensamiento confuso. Comencé a contabilizar los dolores aún sin abrir los ojos de puro miedo y no sentía mi pierna derecha, el tobillo izquierdo estaba insufriblemente partido, mis muñecas dolorosamente amarradas hacia arriba de mi cabeza a alguna pared rugosa que sentía con mis nudillos. La cabeza me dolía y el ano brotaba de dolor. Intenté contraerlo, casi involuntariamente pero una puntada despertó por poco tiempo hasta mi rodilla derecha. En un momento sentí entre mis piernas un líquido algo más caliente que mi piel fría y un olor a hierro se me atravesó en la garganta. Abrí lentamente el ojo derecho, que no pegaba al metal que me sostenía, y pude ver. Lo cerré. Sin moverme notoriamente abrí el otro y me alegré nuevamente porque pude ver con él. Sentí el frío en el rostro cuando una lágrima rodó por mi nariz y una puntada eléctrica muy fuerte hizo que mi cabeza convulsionara varias veces y golpeara lo que me sostenía. Reuní fuerzas y me volví a quedar dormido.
Hoy sé que habían medidas de tiempo más pequeñas pero ahora sólo contabilizo los días gracias al ábaco de pastillas de colores que tomo y recuerdo imágenes que ví después de aquella alegría que me hizo llorar. Y más nunca quiero volver a ver. Y ya más nunca quize caminar otra vez.




4 Comments:
Me alegro de verte de nuevo a pie de pluma y batallando entre las letras que se te dan rebién, un gusto leerte.
Un abrazo Scot.
Hola!
Que gusto me da que hayas escrito nuevamente, se extrañan tus palabras.
Estas lineas que has escrito me llamaron mucho la atención ya que la tematica de la historia es completamente distinta a lo que ha leido anteriormente. Me agrada que cmapartas esas otras facetas que tienes para escribir.
Besos.
oops
Por cierto se me olvido comentar que siempre hay situaciones muy dificiles que marcan nuestras vidas pero cuando salimos de ellas es como si volvieramos a nacer, aunque claro las secuelas permanecen.
:)
Gracias Carolina, me he dado cuenta que no he escrito porque mi auto-censura me lo ha impedido. El perfeccionismo de un incompetente es una limitante.
Lettylup: :) Gracias, tengo mucho por decir pero no encuentro el estilo que me satisfaga. Y si, renacemos al despertar pero obstinadamente tendemos a recordar sólo lo negativo. ;)
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